La
misión del sacerdote es la misma de Cristo, “buscar y salvar lo que se había perdido.” (Lc 19,10)
Exigencias
actuales.
Teniendo como modelo a Jesús Buen Pastor, el sacerdote debe no solo salir al encuentro
de la oveja perdida cuando ésta decida regresar, las exigencias son mayores, el
sacerdote debe ir en búsqueda de ella, por muy lejos que esté y que se mantenga
en su perdición, por difícil que sea el volver hallarla; y, aunque los puentes
se hayan derrumbado, aunque obstruyan el camino muchos obstáculos, el buen pastor no tendrá miedo a
ser criticado, perseguido, señalado y asesinado, al contrario, se gloriará,
puesto que en su corazón lleva muy presente aquellas palabras dichas por Jesús:
“felices ustedes cuando los injurien, los persigan y los calumnien de todo por
mi causa. Alégrense y estén contentos pues la paga que les espera en el cielo
es abundante.” (Mt 5, 11-12)
El trabajador del campo se ensucia
las manos.
El
verdadero trabajador suda la camisa, se ensucia las manos, se desalienta cuando
los frutos no son los que se esperaba. El sacerdote en el hoy de la historia se
enfrenta a un terreno árido y duro donde el malo de la historia es él, en la
actualidad si alguien quiere ser sacerdote desde ese memento se le tilda de
tonto, ávido del dinero, mujeriego, pederasta, retrógrada. En vez de animar y
de impulsar las vocaciones, las desalientan, siendo así pocos los que luchan
hasta el final. A simple vista parece negativo, pero en el fondo este mismo
ambiente negativo va formando en el candidato al sacerdocio ser un buen pastor,
que ve en torno a esa realidad muchas personas que necesitan del amor de Dios, por eso se arriesga a sufrir y caer, pero
siempre se levanta porque su misión no es terrenal sino para dar gloria a Dios.
“Cuando te
acerques a servir al Señor, prepárate para la prueba.”
(Ecl 2, 1)
La vida del pastor
tiene que estar alentada y animada sin duda alguna por la oración, en especial
por la Eucaristía, que es la fuente y culmen de la vida cristina.
Por
eso mismo el pastor debe llenarse del Espíritu Santo para testificar lo que
cree y dar razones de su fe. Con mucha alegría podemos decir que ser discípulo
de Cristo no es una carga sino un don. Así todos debemos cumplir la misión
siguiendo los pasos de Jesús que: “siendo el Señor se hizo servidor y obediente
hasta la muerte” (Fil 2,8).
Sm. Santos Norberto Villatoro Alfaro.
Estimado Norberto. Felicidades, has logrado mucho, enriquece el blog con algunas fotos sugestivas que ayuden a imaginar lo que escribes.
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