miércoles, 1 de agosto de 2012

¡¡LLAMADOS A SER BUENOS Y SANTOS PASTORES!!


La misión del sacerdote es la misma de Cristo, “buscar  y salvar lo que se había perdido.” (Lc 19,10)
 
Exigencias actuales.
  Teniendo como modelo a Jesús Buen Pastor,  el sacerdote debe no solo salir al encuentro de la oveja perdida cuando ésta decida regresar, las exigencias son mayores, el sacerdote debe ir en búsqueda de ella, por muy lejos que esté y que se mantenga en su perdición, por difícil que sea el volver hallarla; y, aunque los puentes se hayan derrumbado, aunque obstruyan el camino muchos  obstáculos, el buen pastor no tendrá miedo a ser criticado, perseguido, señalado y asesinado, al contrario, se gloriará, puesto que en su corazón lleva muy presente aquellas palabras dichas por Jesús: “felices ustedes cuando los injurien, los persigan y los calumnien de todo por mi causa. Alégrense y estén contentos pues la paga que les espera en el cielo es abundante.” (Mt 5, 11-12)   

El trabajador del campo se ensucia las manos.

El verdadero trabajador suda la camisa, se ensucia las manos, se desalienta cuando los frutos no son los que se esperaba. El sacerdote en el hoy de la historia se enfrenta a un terreno árido y duro donde el malo de la historia es él, en la actualidad si alguien quiere ser sacerdote desde ese memento se le tilda de tonto, ávido del dinero, mujeriego, pederasta, retrógrada. En vez de animar y de impulsar las vocaciones, las desalientan, siendo así pocos los que luchan hasta el final. A simple vista parece negativo, pero en el fondo este mismo ambiente negativo va formando en el candidato al sacerdocio ser un buen pastor, que ve en torno a esa realidad muchas personas que necesitan del amor de Dios,  por eso se arriesga a sufrir y caer, pero siempre se levanta porque su misión no es terrenal sino para dar gloria a Dios.

“Cuando te acerques a servir al Señor, prepárate para la prueba.”
(Ecl 2, 1)

 La vida del pastor tiene que estar alentada y animada sin duda alguna por la oración, en especial por la Eucaristía, que es la fuente y culmen  de la  vida cristina.
Por eso mismo el pastor debe llenarse del Espíritu Santo para testificar lo que cree y dar razones de su fe. Con mucha alegría podemos decir que ser discípulo de Cristo no es una carga sino un don. Así todos debemos cumplir la misión siguiendo los pasos de Jesús que: “siendo el Señor se hizo servidor y obediente hasta la muerte” (Fil 2,8). 

Sm. Santos Norberto Villatoro Alfaro. 

1 comentario:

  1. Estimado Norberto. Felicidades, has logrado mucho, enriquece el blog con algunas fotos sugestivas que ayuden a imaginar lo que escribes.

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