MISIONERO EN MARCHA
miércoles, 15 de agosto de 2012
el Seminario central San José de la Montaña cuenta con nueva rectoría.
Pbro. Doc. Jorge
Rivas
Datos principales del nuevo rector.
El Rvdo. Pbro. Dr.
Jorge Alberto Rivas Villalobos nació en el cantón El Resbaladero, municipio de
Coatepeque, Santa Ana, el 27 de abril de 1967.
Entró al Seminario
Menor de Coatepeque en 1985; y al Seminario Mayor Nuestra Señora del Camino, de
Sololá, Guatemala, el 12 de enero de 1987, donde estudió la filosofía y la
teología.
Fue ordenado sacerdote
el 20 de septiembre de 1992. Ese mismo
año, apenas diez días después, partió para Roma a estudiar la licenciatura en
Teología Dogmática en la Universidad de la Santa Cruz.
Después de ejercer el
cargo de vicario parroquial en algunas parroquias, fue capellán en la, en ese
entonces, Universidad Católica de Occidente.
Después fue párroco en la Parroquia San Miguel Arcángel, en Santa Ana.
En el 2000
fue primer rector del Seminario Propedéutico Mons. Benjamín Barrera Reyes, de
Santa Ana. En 2001 viajó de nuevo a Roma
para doctorarse en Teología Dogmática en la misma Universidad de la Santa Cruz. Al regresar, fue nombrado párroco de la
Parroquia San José Obrero de Santa Ana, cargo que desempeñó desde 2006 hasta
julio de 2012.
Ha sido
vicario general de la Diócesis de Santa Ana.
Y de 2006 hasta la fecha ha sido también secretario adjunto de la
Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES).
Bienvenido padre
Jorge, al seminario Central San José de la Montaña, donde se forman pastores al
estilo de Cristo Pastor y salvador del
hombre integral.
Que Monseñor Oscar
A. Romero sea su guía en el pastoreo de este rebaño.
lunes, 13 de agosto de 2012
La Diócesis de
Sonsonate, se viste de fiesta y se llena de alegría al recibir al nuevo obispo
de su diócesis Mons. Constantino Barrera Morales, que en sus cualidades de
pastor destaca la humildad y sencillez. Así lo expresan muchos de sus
feligreses al considerarlo un digno sucesor de los obispos anteriores.
En compañía de la conferencia episcopal, del
clero sonsonateco, sacerdotes de diferentes diócesis del país, religiosos,
religiosas y seminaristas; Se llevo a cabo la celebración de una forma humilde junto a la comunidad de fieles que en cada momento mostraban su
alegría por la elección del nuevo obispo.
Mons. Constantino
cuando los medios de comunicación le preguntaron cual seria su función en la diócesis a lo que contesto: “mi función es la misma que desempeñé en el Seminario San José de la
Montaña, es decir, “ser pastor”.
Monseñor
Constantino: Dios
le bendiga en su ministerio como pastor y guía de la iglesia particular de
Sonsonate.
Sacerdote para siempre quiero ser - Jesed
El sacerdocio un camino de servicio y entrega, al estilo del Buen Pastor
miércoles, 1 de agosto de 2012
¿Cómo discernir la vocación?
Uno de los grandes retos que deberás enfrentar en tu
vida es el de encontrar tu lugar en la sociedad y en la Iglesia.
Para ti, que buscas tu vocación, describiré siete pasos
que te pueden ayudar a discernir el proyecto de Dios sobre ti.
Aunque me referiré directamente a las vocaciones consagradas
(en la vida religiosa y en el sacerdocio).
1.
Oración
“Señor ¿Qué quieres que haga?” Hch 22, 10
La vocación no es algo que
tú inventas; es algo que encuentras. No es el plan que tú tienes para tu vida,
sino el proyecto de amistad que Jesús te propone y te invita a realizar. No es
principalmente una decisión que tú tomas sino una llamada a la que respondes.
Si quieres descubrir tu
vocación, dialoga con Jesús. Sólo mediante la oración podrás encontrar lo que
Dios quiere de ti. En la oración, el Espíritu Santo afinará tu oído para que
puedas escuchar.
En el diálogo de amistad con Jesús
podrás oír su voz que te llama: “ven y sígueme” (Lc 18, 22); o bien, escucharás
que te dice: “vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti” (Lc
8, 39).
2.
Percepción
“Había en mi corazón algo así como fuego ardiente,
prendido en mis huesos y aunque yo hacía esfuerzos por ahogarlo, no podía”. Jr
20, 9
Para descubrir lo que Dios
quiere de ti tienes que escuchar, mirar y
experimentar. Para esto necesitas hacer silencio interior y exterior; el
ruido te impide percibir.
Está atento a lo que se
mueve en tu interior: tus deseos, tus miedos, tus pensamientos, tus fantasías,
tus inquietudes, tus proyectos. Escucha tanto a los que aprueban tu inquietud
como a los que la critican. Escucha tu corazón: ¿qué es lo que anhelas?
Aprende a mirar a los hombres que te rodean: ¿qué te está diciendo Jesús a
través de su pobreza, de su ignorancia, de su dolor, de sus desesperanzas, de
su necesidad de Dios...?
Ve tu historia: ¿Por cuál
camino te ha llevado Dios? ¿Cuáles han sido los acontecimientos más importantes
de tu vida?, ¿de qué manera Dios estuvo presente o ausente en ellos? ¿Qué
personas concretas han sido significativas para ti?, ¿por qué? Contempla el
futuro: ¿qué experimentas al pensar en la posibilidad de consagrar tu vida a
Dios? Tienes sólo una vida, ¿a qué quieres dedicarla?
Ten cuidado en discernir
si tu inquietud y la atracción que sientes son signos de una verdadera
vocación consagrada o son manifestaciones de que Dios quiere que intensifiques
tu vida cristiana como seglar.
Al dar este paso podrás
decir: “Tal vez Dios me esté llamando...” “Siento la inquietud de consagrar mi
vida a Dios”.
3.
Información
“Observen cómo es el país y sus habitantes, si son
fuertes o débiles, escasos o numerosos; cómo es la tierra, buena o mala; cómo
son las ciudades que habitan, de tiendas o amuralladas; cómo es la tierra
fértil o estéril; con vegetación o sin ella”. Nm 13, 18-20
Los caminos para realizar
la vocación consagrada son múltiples. No basta con querer entregar tu vida a
Dios y desear dedicarte al servicio de tus hermanos. Es necesario saber dónde
quiere Dios que tú lo sirvas.
Para descubrir tu lugar en
la Iglesia es conveniente que conozcas las diversas vocaciones. Investiga cuál
es la espiritualidad que viven los sacerdotes diocesanos o las diferentes
congregaciones religiosas; y siente cuál de ellas te atrae. Ve cómo viven: no
es lo mismo una congregación contemplativa que una de vida apostólica.
Infórmate sobre cuál es su misión y por qué medios pretenden realizarla:
enseñanza, hospitales, dirección espiritual, promoción vocacional, misiones,
predicación de ejercicios, medios de comunicación, etc. Conoce quiénes son los
principales destinatarios de su apostolado: jóvenes, pobres, sacerdotes,
enfermos, niños, seminarios, ancianos, etc.
Aunque ordinariamente
cuando se experimenta la inquietud vocacional se siente también el atractivo
por una ‘vocación específica, vale la pena que dediques algunas horas a
informarte más a fondo sobre esa vocación y sobre otras. Y si al final te
decidieras por la que en el principio te inclinabas, el tiempo empleado en
informarte no habrá sido desperdiciado.
Al dar este paso podrás
decir: “Me atrae la espiritualidad, el estilo de vida y el apostolado de esta
congregación”. “Posiblemente Dios me está llamando a ingresar al noviciado o al
seminario”.
4.
Reflexión
“Si uno de ustedes quiere construir una torre ¿no se
sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que,
habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se
pongan a burlarse de él, diciendo: “Este comenzó a edificar y no pudo
terminar”. Lc 14, 28-30
La vocación es una empresa
demasiado grande, ¡y es para toda la vida! Por eso no te puedes lanzar sin
antes haber reflexionado seriamente sobre ti y sobre la vida que pretendes
abrazar.
Descubre cuáles son tus
capacidades y limitaciones. Piensa si podrás vivir las exigencias que implica
la vocación -contando desde luego con la gracia de Dios-. ¿En qué signos concretos
te basas para pensar que Dios te llama? ¿Qué razones en favor y en contra
tienes para emprender ese camino? ¿Qué es lo que te atrae y qué lo que no te
gusta de ese estado de vida?
Dios te pide que te
comprometas responsablemente en el discernimiento de su voluntad. Quiere que
utilices tu inteligencia para buscar tu vocación. Con la luz del Espíritu Santo
podrás descubrir lo que Dios quiere de ti.
No pienses que llegarás a
tener certeza absoluta de lo que Dios quiere de ti: algo así como tener un
contrato firmado por El, en el que te revelara su voluntad. Lo que encontrarás
serán signos que indican cuál podría ser el proyecto de amistad que tiene para
ti.
Al descifrar esos signos
podrás tener certeza moral de su llamado. Yo tengo certeza absoluta de que no
puede haber un círculo cuadrado, y tengo certeza moral de que la silla en la
que estoy sentado no se va a romper. La certeza moral es la que necesitas para
actuar
Al dar este paso podrás
decir: “Creo que Jesús me llama”. “Creo que, con la ayuda del Espíritu Santo,
podré responder”.
5.
Decisión
“Te seguiré vayas adonde vayas” Lc 9, 57
Habiendo descubierto lo
que Dios quiere de ti, decídete a seguirlo.
Tomar tal decisión es
difícil. Sentirás miedo. Tus limitaciones te parecerán montañas: “¡Ay Señor
mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho” (Jr 1, 6). Sin embargo, a
pesar de tus limitaciones -o mejor con todas ellas-, responde como Isaías:
“Aquí estoy, Señor, envíame” (Ls
6, 8).
Decir el “sí” con el cual
comprometes toda tu vida es una gracia. Pídele al Espíritu Santo que te dé esa
capacidad de respuesta. No afrontar la decisión equivale a desperdiciar tu
vida.
Para iniciar el camino de
la vocación no esperes tener certeza absoluta de que Dios te llama (“el
contrato firmado”); te basta la certeza moral. La decisión es un paso en la fe;
en un acto de confianza en tu amigo Jesús.
Al decidirte a seguir
radicalmente a Jesús es normal que tengas dudas de si podrás con las exigencias
y si llegarás al final. Pero de lo que no puedes dudar es de lo que tú quieres.
Al dar este paso podrás
decir: “Quiero consagrar mi vida a Dios en el servicio de mis hermanos”.
“Quiero ingresar en esta congregación religiosa”. “Quiero ser sacerdote”.
6.
Acción
Una vez tomada la
decisión, ¡lánzate! No te dejes vencer por el miedo; lánzate sin miedo.
Pon todos los medios que
estén a tu alcance para realizar lo que has decidido. No cedas a la tentación
de diferir tu ingreso a una casa de formación: “Te seguiré, Señor; pero déjame
primero...”. (Lc 9, 61). Con tu decisión has comprometido todos los momentos
posteriores; en el futuro busca cómo ser fiel. La única manera de realizar el
proyecto de Dios es la fidelidad de cada día. Vive todo momento en coherencia
con lo que has decidido; dirige cada paso hacia la meta.
¿Y cuando venga la
dificultad? ¡Perseverar! El camino que emprenderás es difícil; más de lo que
ahora crees. Prepárate para la lucha; deberás enfrentar problemas y superar
obstáculos. Jesús te dice: “El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a
sí mismo, que cargue cada día con su cruz y me siga” (Lc 9, 23).
El sendero es arduo, pero
María te acompaña y el Espíritu Santo te fortalece para que puedas recorrerlo.
Además, no se trata de cargar hoy la cruz de toda la vida, sino sólo la de hoy;
y así cada día. Al dar este paso podrás decir, como Pedro: “Nosotros lo hemos
dejado todo y te hemos seguido” (Mc 10, 28).
7.
Dirección Espiritual
“Levántate y vete, a Damasco, allí se te dirá todo lo
que está establecido que hagas”. Hch 22,10
La dirección espiritual no
es, en realidad, un paso más en el proceso de discernimiento vocacional; es un
recurso que puedes aprovechar en cada uno de los pasos anteriores.
El director espiritual te
motivará a orar y a percibir los signos de la voluntad de Dios; te indicará
dónde obtener la información y te ayudará a reflexionar En el momento de la
decisión se alejará de ti para que tú, frente a Jesús, libremente respondas a
su llamada. Te ayudará a que te prepares convenientemente para ingresar en una
casa de formación. Su oración y sacrificio por ti te alcanzarán del Espíritu
Santo, la luz para descubrir tu vocación y la fuerza para seguirla.
Si bien es cierto que la
vocación es una llamada de Dios que nadie puede escuchar por ti ni responder a
ella en tu lugar, también es cierto que necesitas de alguien que te acompañe en
tu discernimiento vocacional.
Es fácil hacerse
ilusiones: podrías creer que es un llamado de Dios lo que tal vez sea sólo un
deseo tuyo, o bien podrías pensar que no tienes vocación cuando en realidad
Dios te está llamando. Dialoga con tu director espiritual para clarificar la
autenticidad de tu vocación.
Jesucristo, después de
habérsele aparecido a Pablo en el camino de Damasco, le dijo que fuera con
Ananías y que éste le indicaría cuál era la voluntad de Dios. Aunque Cristo
hubiera podido decirle a Pablo lo que quería de él, quiso valerse de Ananías
para hacerle descubrir su vocación (cf Hch 22, 10-15).
En el discernimiento del
proyecto de Dios sobre ti no puedes prescindir de la mediación de la Iglesia.
Descubrir tu vocación no
es fácil, pero tampoco es imposible Si con sinceridad te pones a buscar la
voluntad de Dios y realizas los pasos que aquí te sugiero, creo que puedes
encontrarla.
De muchas maneras Dios te
está revelando la manera como quiere que colabores en la instauración de su
reino. El es el más interesado en que tú descubras y realices tu vocación. Por
eso haz oración, dialoga con tu director espiritual, percibe, infórmate,
reflexiona, decídete y actúa.
¡¡LLAMADOS A SER BUENOS Y SANTOS PASTORES!!
La
misión del sacerdote es la misma de Cristo, “buscar y salvar lo que se había perdido.” (Lc 19,10)
Exigencias
actuales.
Teniendo como modelo a Jesús Buen Pastor, el sacerdote debe no solo salir al encuentro
de la oveja perdida cuando ésta decida regresar, las exigencias son mayores, el
sacerdote debe ir en búsqueda de ella, por muy lejos que esté y que se mantenga
en su perdición, por difícil que sea el volver hallarla; y, aunque los puentes
se hayan derrumbado, aunque obstruyan el camino muchos obstáculos, el buen pastor no tendrá miedo a
ser criticado, perseguido, señalado y asesinado, al contrario, se gloriará,
puesto que en su corazón lleva muy presente aquellas palabras dichas por Jesús:
“felices ustedes cuando los injurien, los persigan y los calumnien de todo por
mi causa. Alégrense y estén contentos pues la paga que les espera en el cielo
es abundante.” (Mt 5, 11-12)
El trabajador del campo se ensucia
las manos.
El
verdadero trabajador suda la camisa, se ensucia las manos, se desalienta cuando
los frutos no son los que se esperaba. El sacerdote en el hoy de la historia se
enfrenta a un terreno árido y duro donde el malo de la historia es él, en la
actualidad si alguien quiere ser sacerdote desde ese memento se le tilda de
tonto, ávido del dinero, mujeriego, pederasta, retrógrada. En vez de animar y
de impulsar las vocaciones, las desalientan, siendo así pocos los que luchan
hasta el final. A simple vista parece negativo, pero en el fondo este mismo
ambiente negativo va formando en el candidato al sacerdocio ser un buen pastor,
que ve en torno a esa realidad muchas personas que necesitan del amor de Dios, por eso se arriesga a sufrir y caer, pero
siempre se levanta porque su misión no es terrenal sino para dar gloria a Dios.
“Cuando te
acerques a servir al Señor, prepárate para la prueba.”
(Ecl 2, 1)
La vida del pastor
tiene que estar alentada y animada sin duda alguna por la oración, en especial
por la Eucaristía, que es la fuente y culmen de la vida cristina.
Por
eso mismo el pastor debe llenarse del Espíritu Santo para testificar lo que
cree y dar razones de su fe. Con mucha alegría podemos decir que ser discípulo
de Cristo no es una carga sino un don. Así todos debemos cumplir la misión
siguiendo los pasos de Jesús que: “siendo el Señor se hizo servidor y obediente
hasta la muerte” (Fil 2,8).
Sm. Santos Norberto Villatoro Alfaro.
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